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De Netscape y la conexión telefónica, a Google y la banda ancha

Durante estos 20 años de transformación en la industria de las telecomunicaciones, muchas cosas han cambiado, generando cada vez, un sector más dinámico y desafiante. Leamos en esta nota, cuáles han sido esas innovadoras transformaciones y cómo enfrentar los próximos años.

 

por Fabio Medina, Director General y Vicepresidente de Ventas, América Latina, Ciena.

El año anterior al cambio de siglo fue uno de crecimiento sin precedentes para la industria, un momento en el que velocidades de Internet de 10 GB nos parecían asombrosamente rápidas. Mientras las conexiones por cable y DSL comenzaban a estar disponibles en determinadas partes del mundo, la mayoría de los consumidores seguían operando con módems de conexión telefónica. Según datos del Banco Mundial, en ese entonces Latinoamérica reportaba una tasa de uso de internet de menos del 5%. Recién durante los últimos cinco a ocho años las tasas de uso superaron el 50% en la región. Cabe mencionar que hoy en día, algunos países de la región siguen sin alcanzar el umbral del 50%.

Antes de la llegada de WhatsApp, las personas se comunicaban mediante plataformas de mensajes y VoIP como ICQ para mantenerse en contacto con familiares y amigos del otro lado del mundo. Aunque Google -un nombre por todos conocido hoy en día- fue fundado en 1998, la mayoría de las personas todavía recurrían a Netscape o incluso Internet Explorer para navegar la web. La flexibilidad y capacidad de transmisión total de las redes basadas en TDM (Time-division Multiplexing), o multiplexión por división de tiempo de esa época representan un marcado contraste con las redes ópticas de paquetes ultra-eficientes de la actualidad.

Incluso en ese momento, se hacía cada vez más evidente que la demanda por conectividad aumentaría de forma lenta pero segura. Hacia fines de la década de los noventa, la industria empezó a inclinarse por cables submarinos de fibra óptica de alta velocidad en lugar de satélites, como una alternativa para el desarrollo de lo que se consideraría como la columna vertebral para las comunicaciones. Como resultado, las redes estaban siendo sobre desarrolladas anticipando un incremento masivo en la demanda, un proceso que continuó hasta que la industria sufrió un duro golpe cuando estalló la burbuja de las puntocom (2000).



Tiempos difíciles para la industria de las telecomunicaciones

Ese momento, que dentro del sector se conoció como “el invierno de las telecomunicaciones”, representó una dura prueba tanto compañías recién nacidas como para aquellas con más tiempo en el mercado. En ese entonces, el enfoque que reinaba se basaba en “construye algo y ellos vendrán”, lo que llevó al desarrollo excesivo de las redes con la expectativa de que los clientes seguirían apareciendo; pero la realidad de este nuevo contexto forzó a las empresas a mirar más de cerca la conexión entre las necesidades del consumidor y la capacidad de la red en construcción.

El colapso de la industria de las telecomunicaciones llevó a la destrucción de múltiples modelos de negocios y en ese entonces parecía que el camino más claro hacia la supervivencia era convertirse en un generalista o un proveedor de todo para todos.

Los especialistas en silicio

Conforme se fue reactivando la industria, los mercados no tardaron en mostrarse escépticos por la complejidad asociada a la investigación y desarrollo. Aunque tomó tiempo, eventualmente este concepto de “hazlo tú mismo” llegó a ser más entendido como una filosofía por demás eficiente. Esta resultó ser una valiosa lección, que demostró que es aceptable tomar un diferente enfoque para resolver un desafío, si este tiene sentido. Ir contra la corriente es, a menudo, cómo una compañía puede llegar a ser considerada como disruptora y pionera en la industria.

También, fue en ese momento que cuando mundo de IP eventualmente habría de converger con el del transporte.



Hay cosas que nunca cambian

Aunque es evidente que desde 1999 mucho ha cambiado, hay cosas que no han seguido la misma evolución.

Durante el invierno sufrido por las empresas de telecomunicaciones y en los años subsecuentes, el uso del internet en América Latina realmente se disparó. Este crecimiento fue alimentado por la penetración del uso de datos móviles y de banda ancha, que pasó de un enfoque de negocios a uno del consumidor. A pesar de que el uso masivo de servicios de datos continuaría desarrollándose hacia finales de la década de los 2000, las enormes cantidades de datos, resultado de las nuevas plataformas y aplicaciones sedientas de ancho de banda han reiniciado el desarrollo de su infraestructura. Esta escalada continúa moldeando el mundo de las telecomunicaciones, no sólo hoy sino a futuro.

En cuanto a lo que sigue, la evolución de la capacidad continuará en el camino de la trayectoria actual. 400 GbE pronto se convertirán en la norma, y soluciones de 800 GbE -anunciadas hace sólo unos meses- se volverán más predominantes que cualquiera generación anterior. Mejorar las relativamente bajas tasas de uso de internet en Latinoamérica realmente dependerá en el desarrollo de iniciativas de alfabetismo digital y en hacer que la conectividad sea más accesible para la población general. A más de una década del invierno de las telecomunicaciones, más y más recursos están siendo invertidos en grandes redes y cables submarinos, a medida que el uso de datos a lo largo de la región explota gracias a aplicaciones hambrientas de datos como YouTube y Netflix. La llegada de 5G -algo para lo que todavía faltan años en Latinoamérica- trae nuevas promesas para un futuro digital con vehículos autónomos, ciudades inteligentes y aplicaciones de realidad virtual.



Al mirar atrás a los desarrollos y avances hechos durante los últimos 20 años, resulta fascinante reflexionar e imaginar qué nos traerá los próximos 20.

Incluso prácticas de la industria tan comunes como el uso de guantes de descarga electrostática (ESD por sus siglas en inglés) para manipular equipos con chips sensibles no siempre fue un procedimiento estándar.

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Tags: Ciena, alfabetismo digital, el invierno de las telecomunicaciones, Fabio Medina